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75 años levantando la persiana de Ferretería Calbet: “Mi abuelo, después mi padre y ahora mi hermana y yo”
26/05/2026 15:30h
Hay aniversarios que hablan de números y otros que hablan de personas. La celebración de los 75 años de Ferretería Calbet, durante la convención 2026 del Gremi de Ferretería de Catalunya, tuvo mucho más de lo segundo. Gemma Puig, quien dirige el negocio junto a su hermana, Alba Puig, tomó la palabra para repasar la historia de un negocio familiar que, desde 1951, sigue levantando la persiana en Viladecans con tres generaciones vinculadas al mostrador.
Junto a ellas, también estuvo su padre, Joan Puig, quien mantuvo la continuidad del negocio durante décadas. El Gremi entregó a la ferretería un diploma conmemorativo en reconocimiento a su trayectoria dentro del comercio de proximidad y su vinculación histórica con la entidad.
“Cuando necesitas ayuda, sabes que hay alguien al otro lado”
Durante su intervención, Gemma Puig quiso agradecer el acompañamiento recibido por parte del Gremi a lo largo de los años, especialmente en los momentos en los que la ferretería necesitó apoyo o asesoramiento.
“Cuando necesitas algo puedes coger el teléfono y preguntar si hay alguien que te pueda ayudar”, explicó ante los asistentes, destacando la importancia de las relaciones construidas dentro del sector y el intercambio constante entre ferreteros.
Puig también puso en valor la conexión entre negocios de distintos territorios y generaciones, insistiendo en que muchas veces lo importante no es tanto el idioma o la ubicación, sino compartir inquietudes comunes sobre el día a día del oficio y la evolución del sector.
Tres generaciones detrás del mostrador
La responsable de Ferretería Calbet repasó después la historia familiar del negocio. “Mi abuelo, después mi padre y ahora mi hermana y yo seguimos teniendo el placer de llevar adelante este negocio”, señaló emocionada.
Desde aquella apertura en 1951 hasta hoy, la ferretería ha vivido la transformación del comercio, los cambios en el cliente y también en la propia ciudad de Viladecans. Aun así, la esencia, explicó, sigue siendo la misma: la relación cercana con las personas que entran cada día por la puerta.
Gemma Puig recordó una de las anécdotas que escuchaba de pequeña sobre su abuelo, fundador del negocio. Contó cómo recorría la zona en bicicleta para conseguir productos que no tenía en stock y poder entregárselos después a los clientes. “Él se las ingeniaba para sacar adelante el negocio”, relató.
El valor del comercio de proximidad
Durante su discurso también hubo espacio para reflexionar sobre el momento actual del sector y los desafíos que afronta el comercio tradicional. Puig reconoció que el contexto es complejo, aunque defendió la capacidad de adaptación de negocios familiares como el suyo.
“Comenzaremos estos próximos años con emoción, con humor y con valentía”, afirmó.
Además, quiso poner en valor iniciativas como las que llevan a cabo desde el Gremi, tanto los encuentros de mujeres como el más reciente con jóvenes ferreteros, destacando la importancia de que nuevas generaciones se impliquen en el sector y compartan experiencias entre profesionales.
También hizo referencia a la irrupción de la inteligencia artificial y a cómo el sector debe aprender a convivir con nuevas herramientas tecnológicas sin perder la esencia del trato humano.
“Sin clientes y sin personas no existiría la ferretería”
El acto terminó entre aplausos y con una fotografía familiar sobre el escenario. Gemma Puig cerró su intervención agradeciendo el apoyo recibido durante todos estos años y recordando que detrás de cualquier ferretería hay historias, clientes y relaciones construidas durante décadas.
Setenta y cinco años después de aquella apertura en Viladecans, Ferretería Calbet sigue representando una forma de entender el comercio basada en la continuidad familiar, la cercanía y el contacto diario con el cliente.

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